¿Qué es es el periodo de carencia en un préstamo?

Saber qué es el período de carencia en un préstamo y si está incluido en tu contrato es algo fundamental si te has planteado o ya has contratado el mejor préstamo personal con una entidad, porque va a condicionar tanto tu elección como la forma en que posteriormente vas a poder devolver ese dinero.

Aunque es un concepto que a veces no se entiende bien e incluso se llega a confundir, lo cierto es que cada vez son más los préstamos que incluyen esta fórmula, que tiene ciertas ventajas pero que también presenta sus riesgos. Si quieres conocerlos, y tener claro qué es una carencia y cómo funciona, has llegado al lugar correcto. Sigue leyendo, que vamos a explicártelo todo de manera sencilla para que despejar todas tus dudas.

❓ ¿En qué consiste una carencia?

Por definición, una carencia es un tiempo determinado previamente acordado entre dos partes en un contrato, en el que una de las dos no tiene que cumplir con algunas de las obligaciones a las que se comprometió en el documento. En realidad es un concepto que no sólo se usa en el ámbito financiero sino también en los seguros, por ejemplo, de ahí que a veces se confunda.

Sin embargo mientras que en un seguro la carencia es a favor de la aseguradora, en el caso de los préstamos o las hipotecas este término es a favor del cliente: es decir, es un período -unos meses, unos años, etc- durante el cual el cliente (deudor) va a poder pagar una cuota mensual menor, o incluso ninguna, si se dan una serie de condiciones.

Muchas veces encontramos la carencia en un préstamo con el término “período de gracia“, y es normalmente la entidad que nos presta el dinero la que decide incluirlo o no en el contrato, aunque si nos interesa también podemos negociar nosotros para añadirla a las cláusulas. De hecho, muchas veces los bancos recurren a incluir una carencia para atraer a nuevos clientes, especialmente a aquellos más dubitativos que de otra forma dudarían en pedir un préstamo.

📋 Así funciona la carencia en un préstamo

Para empezar, hay que tener claro que no todos los préstamos ni incluyen ni pueden incluir un período de carencia, bien porque no le interese a la entidad financiera, o bien porque el período de amortización sea muy corto; de hecho es una opción que suele estar disponible cuando el préstamo alcanza cantidades importantes, como en una hipoteca, aunque también podemos encontrarla en contratos de alquiler y en otros productos financieros.

Si finalmente se acuerda incluir una carencia, su duración vendrá dada por el contrato y puede ser en total de unos meses, o incluso de un año o dos. ¿Qué nos va a permitir eso? Pues que si estamos pagando el préstamo y pasamos por un bache económico o por una situación en la que nos quedamos sin liquidez, podremos acogernos al “período de gracia” y reducir nuestra cuota mensual, siempre y cuando no superemos el tiempo total máximo pactado.

Ese “descuento” -que no es tal, como veremos- en nuestra mensualidad dependerá de lo pactado con la entidad, y puede ser básicamente de dos tipos:

  • Carencia de amortización: es un tiempo en el que vamos a poder pagar sólo los intereses del préstamo, pero sin amortizar capital con la cuota, por lo que ésta se ve reducida significativamente.
  • Carencia total: con este tipo de carencia se nos permite dejar de pagar tanto los intereses como la amortización del préstamo, por lo que simplemente nuestra cuota se reduce a cero.

¿Verdad que suena muy apetecible? Bueno, pues ojo porque no es tan bonito el cuadro como lo pintan. Hay que tener en cuenta que mientras nos acojamos a la carencia, no estaremos amortizando el préstamo. ¿Qué implica eso? Pues que terminada la carencia no sólo hay que volver a pagar la cuota mensual, sino que además ésta subirá porque hay que pagar los intereses del préstamo acumulados por alargar el período de amortización.

🤔 ¿Me conviene elegir un préstamo con esta opción?

Al final, es como si tu jefe te dijera “no te preocupes, tómate unos días que no pasa nada”… y al volver te encontraras todo el trabajo acumulado sin hacer. Por tanto, un período de carencia puede darnos un respiro temporal, pero debe ser una opción a la que acogerse sólo como último recurso si nos es imposible asumir el pago de las cuotas, ya que una vez terminada la carencia y si no nos hemos recuperado, corremos el riesgo de endeudarnos aún más.

De hecho muchas veces estamos firmando una carencia sin darnos cuenta. Seguro que más de una vez hemos caído en la trampa de lanzarnos a firmar un contrato de telefonía o a comprar un gran electrodoméstico o un coche, tentados por esa frase mágica: “Compra, y no pagues hasta…”. ¿Verdad? Pues que sepas que ese “período de gracia” no sale gratis.

En realidad, y aunque nos lo presenten como un regalo, lo que estamos haciendo es alargar el período de amortización; obviamente no nos lo van a decir así, pero en eso consiste, y además los intereses de más que tendremos que pagar irán incluidos en el precio final. Es decir: que al final somos nosotros quienes pagamos todo eso. ¿Menudo “regalo”, verdad?

Por tanto visto lo visto, hemos aprendido dos cosas: una, no te fíes de las ofertas y de los regalos envenenados; y dos, no siempre te conviene acogerte a un período de gracia, porque puede ser peor el remedio que la enfermedad. De todas formas ahora que ya sabes bien qué es el período de carencia en un préstamo y cómo funciona, seguro que no va a ser tan fácil que te den gato por liebre. Ya se sabe: nunca te acostarás…

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